01 mayo, 2010

Mañana 2 de mayo, lectura de Diegue en la FLIA

Una buena oportunidad para ver los diversos stands de la FERIA DEL LIBRO INDEPENDIENTE, conocer autores, escuchar mi lectura (y las otras) y comprar mi librito!

Voy a leer tres o cuatro textos nomás, dado que va a ser breve, les recomiendo puntualidad.

Dirección: AZCUENAGA 933 (entre paraguay y m.t. de alvear)
Horario: Algún momento entre las 15 y 16hs.

Más info en:
http://feriadellibroindependiente.blogspot.com/

19 abril, 2010

La marca de Caín (cuento)

Con la esperanza de una solución, se fue también el problema. Ya no podía reírme de cómo me juzgasen, no podía ocultarme en íntimos argumentos, yo era, ahora y para siempre, lo que ellos dijesen que soy. Un empleado, hombre soltero, trabajador, potencial padre de familia, pervertido sexual reprimido, obsesivo-compulsivo… no importaba qué, ellos lo decidirían. Y peor para mí si dudaban, porque me mutilarían para que cada uno examinase mis miembros con sus propios métodos de clasificación social: la psiquiatría una pierna, la religión un brazo, la policía mi corazón, el gerente mis bolas, la universidad mis entrañas, y lo demás… a la marchant, para los vecinos, los vendedores de tren, las minitas de los bares, la chica del supermercado, como diciendo: “¡Miren! ¡éste era yo! Agarren mis desperdicios y díganme qué soy y para qué sirvo, si es que hay algo para lo que sirva en este mundo que tanto sabe sobre lo que quiere la gente.”   (extracto)

17 abril, 2010

La muerte del deseo (Capítulo 7)


Esta vez no me demoraría días en encontrar un nuevo destino, pues la ciudad estaba conectada con otras. Toda la vida en sociedad parecía certera: los caminos se hallaban surcados claramente, siempre había alguien delante a quién seguir.
Buscando dicho destino, creí conveniente aprovechar mi ignorancia junto con la seguridad que me otorgaba la multitud en tránsito y la claridad del día para mantener breves conversaciones con los hombres y mujeres libres.
“¿Sabría Ud. indicarme a dónde lleva este camino?” Un anciano montado a burro me respondió que finalmente llegaría a la Ciudad Central, donde “hay un camino por cada otra ciudad del Estado, las comidas son exquisitas, las mujeres hermosas y los hombres… veloces”. Dijo también que antes, pasaríamos dos pequeñas aldeas, de las cuales desconocía mayores detalles. Y antes de despedirse, no omitió consultarme el lugar de dónde había sacado “ese imbécil acento”.
Pronto dejé atrás al viejo y alcancé a una familia. En el extremo que me era más cercano estaba la mujer más adulta del grupo, que parecía rondar mi edad. Repetí varias veces, “¿Este es el camino más corto para llegar a la Ciudad Central?” y aunque lo hice en diferentes tonos y volúmenes de voz, tuve que tocar su hombro para que se diese vuelta y atendiese mi pregunta.
Al verme se sonrojó y trató de contestarme, pero antes de que terminase de decir “Señor…” el hombre que la acompañaba la arrastró del brazo hacía él e impartió dos bofetadas en su cara, una por mejilla. Noté que la mujer había sentido el impacto (toda la sangre se le había ido de golpe a sus pómulos), y si bien era claro que podría haberse levantado y golpearlo a él, pues no estaba ni cercanamente abatida, se quedó arrodillada en el piso. Con sus manos en la cara ocultaba las lágrimas, pero el llanto escapaba a cualquier intento de silenciamiento. Se reverenciaba ante los pies del hombre e imploraba perdón. Los niños se acercaron a consolarla, el hombre empujó con una leve patada a la mujer y me tomó del cuello. Me preguntó qué estaba tratando de hacer y sólo pude decir que no era de aquel lugar. “De donde seas, tendrías que saber que no se habla con ninguna madre, excepto la propia”. Me excusé nuevamente y le informé que sólo le había preguntado si aquel era el camino más corto a la Ciudad Central. “¿Acaso ves otro, maldito extranjero?”. Me arrojó tan lejos como pudo y junto a sus hijos siguió camino. La mujer seguía sin pararse, sollozando y con el rostro cubierto. Sin dudas, ya no sentía dolor ni lagrimeaba ¿por qué seguía gimoteando entonces? ¿a qué seguir tapando sus ojos? ¿por qué esa imposibilidad de moverse? Aprendí que las mujeres no eran libres en el palacio, ni en el resto del mundo tampoco.
Estaba sentado en el piso, exactamente donde había caído por el empujón y mientras todos pasaban a mi lado y me miraban de reojo, un hombre envejecido (que luego supe era más joven que yo) retrocedió en su camino para acercarme su mano y ayudarme. Me preguntó de dónde era y descubrió rápidamente que le estaba mintiendo. A pesar de ello, procuró que no me diese cuenta, como si no pudiera afectarle y, por ende, no le interesase en absoluto. Conversamos poco, en verdad yo no tenía nada para decir, así que me encargué de hacer preguntas cuyas respuestas me fueran útiles. Luego caminamos en silencio y al llegar a la primera aldea, informó que vivía allí. Nos despedimos y al dar unos pasos me gritó: “Extranjero, olvidé algo. ¿Qué era eso que consultaste a la mujer?”.
“Le pregunté si éste era el camino más corto a la Ciudad Central”.
“Por si aún te interesa, nadie sabe ni se pregunta si es el más corto o el más largo… es el único que conocemos”.

Prosa Cortada a la venta


Ya salió el libro:
$12.- o 2x$20.-

A la venta en mis lecturas o vía contacto a giordano.die@gmail.com

Más data en: Prosa Cortada en Facebook!

En breve se viene la presentación!!

16 abril, 2010

Misc XVI

Tratando de crecer, degollamos nuestros sueños, bebimos su sangre y los pusimos al asador. Ya digeridos, no tenemos nada más por comer.
Ahora estamos en el desierto,
solos
y muriendo de sed.

15 abril, 2010

Misc XVI - Enceguecido

todo lo que veo
es oscuro y no encuentro
la puerta de salida.

14 abril, 2010

Misc XV - in-teli-gencia

antes una especie de pudor
me obligaba a negarlo
pero con el tiempo me fui convenciendo
de mi propia inteligencia que me ha traído
hasta acá donde ya nada
importa un carajo
sí, tengo esa capacidad
esa agudeza en el análisis
esa organización de las ideas
ese bagaje “cultural”
pero con el tiempo fui perdiendo el pudor
fui aprendiendo que no sirve de nada…
que me ha traído hasta acá
-donde llegaron tantos otros por otros medios-
adonde ya no le importamos a nadie un carajo.